La pelota no se mancha

Club Marquesado: los antecedentes violentos de una cancha que nadie quiere pisar

El sábado pasado amenazaron y le rompieron el auto a un árbitro. En otro partido le quemaron la espalda a una jueza de línea, incluso cuando iban ganando. Las quejas vienen desde hace tiempo.
lunes, 21 de octubre de 2019 · 10:03

La violencia en el fútbol es una constante en Argentina donde se vive el deporte con una intensidad que excede el fanatismo y nada tiene que ver con la pasión. Las consecuencias de esta forma de entender el deporte tienen repercusiones lamentables que trascienden en todo el territorio nacional. San Juan no es la excepción, y el pasado sábado un violento episodio ocurrido a un árbitro de la liga sanjuanina puso en consideración nuevamente esta problemática que aqueja tanto a quienes trabajan como a quienes solo quieren disfrutar de un encuentro deportivo en paz.

El partido del sábado pasado tenía como protagonistas al Club Atlético Marquesado y el Club Rivadavia en un encuentro que terminó 1 a 1; pero la bronca finalmente terminó trascendiendo de la cancha. Al árbitro Ernesto Bustos lo agredieron física y verbalmente cuando finalizó el encuentro en el vestuario, y a la salida le destrozaron el auto con pedradas de gran porte. El referí habló con este diario y afirmó incluso reconocer al agresor que lo vio bajarse del auto. El mismo estaba a 5 cuadras de donde se disputaba el encuentro para evitar inconvenientes. Pero como los hechos hablan, no fue suficiente.

Lo insólito es que no es la primera vez que pasa algo así en el Club Atlético Marquesado. El pasado 26 de marzo la jueza de línea Rosana Paz sufrió serias quemaduras en su espalda cuando la hinchada local le lanzó agua caliente. La irracionalidad del hecho incluso no se entiende, ya que en esa oportunidad el club Marquesado iba ganado el encuentro contra San Martin.

"Faltaban dos minutos para que terminara el partido y sentí que me arrojaron un líquido caliente en la espalda. En ese momento, llamé al árbitro principal para comentarle lo que pasó y pedí que me echaran agua fría para calmar el ardor. Ellos quisieron suspender el partido, pero llegamos a un acuerdo para que terminara reglamentariamente", comentó la referí, de 46 años, en diálogo con este medio.

Los árbitros Bustos y Paz no son los únicos que tuvieron problemas en esa cancha. Según atestiguaron desde el gremio que nuclea a los árbitros en San Juan, “las quejas son constantes con pedradas que llueven durante el partido, y agresiones de todo tipo, la verdad es que es muy reiterativo, por eso vamos a tomar cartas en el asunto” afirmó el secretario del gremio de referís en la provincia Fabián Vera.

La violencia en el futbol en nuestro país tiene tantos antecedentes como goles y gambetas que nos deslumbraron. Los cantos incluso de la hinchada – sin salvedad de nadie- están marcados con un vocabulario agresivo que busca agredir al rival e incluso apelar a cuestiones racistas y xenófobas contra otras personas. Hay dirigentes políticos que apañan a los barras y en el fondo se alimenta una organización con tintes delictivos en el manejo de entradas, trapitos, venta de accesorios, etc. Desde este medio, no estamos en contra de los cánticos, las banderas, los tamboriles, los papelitos, y todo aquello que hace el entorno de fútbol y constituyen su ‘folclore’. Que lo vigoriza y lo nutre de una alegría poco frecuente en otros deportes. Entendemos la ansiedad por el triunfo y la angustia por una derrota. Pero no concebimos la agresión absurda y cruel. Esa catarata de violencia desgranada en tantas décadas por grupos antagónicos que sembraron el horror, la desazón y el pánico que tanto daño le han hecho a nuestro fútbol.   

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