Los primeros milagros de la Difunta Correa

¿Cuándo nace la certeza de los milagros concedidos? Las dos antropólogas que más estudiaron esta devoción popular recogieron cuatro versiones. Por Viviana Pastor
miércoles, 21 de febrero de 2018 · 00:00

Excluido el primer milagro de Deolinda Correa, amamantar a su hijo después de muerta, las antropólogas Susana Chertudi y Sara Josefina Newbery, las primeras en ocuparse científicamente del tema, desde 1958 a 1978, dejaron plasmadas cuatro versiones distintas de los primeros milagros de la Difunta Correa concedidos "a pedido".

De ellas surgió la devoción que hoy convoca a millones de almas al santuario y que ni la prohibición de 1976 de la Iglesia Católica pudo frenar.

El primero que mencionan es el que tiene mayor número de repeticiones, con algunas variantes, y es el que incluye el pedido de Flavio Zeballos por animales perdidos. Los tres siguientes sólo tienen una cada uno.

"Se refiere que el señor Zeballos era un viajante que en cierta ocasión compró en La Rioja quinientos toros. De regreso, y un poco antes de llegar a la tumba de la Difunta, próxima a la quebrada llamada, por su gran profundidad, Honda (sobre el Pie de Palo) acampó, encerrando la hacienda en un corral improvisado. Pero con gran sorpresa suya, como de sus peones que le acompañaban, vio al día siguiente que todos los animales habían desaparecido tomando rumbos desconocidos. En vano se repartían los viajeros por el llano y las serranías en busca de ellos; todos sus esfuerzos eran inútiles. En vista de esto, el señor Zeballos, con fervientes plegarias imploró la protección  de la Difunta Correa pidiéndole que a lo menos la mitad de la hacienda apareciera o se la encontrara, prometiéndole él a cambio edificarle un lindo mausoleo en el cual haría depositar sus restos mortales.

Al día siguiente de su plegaria aparecieron en el mismo sitio de donde se fueron, los quinientos toros sin que ninguno faltara. Inmediatamente de llegar a la ciudad de su nacimiento (San Juan) el señor Zeballos compró todo el material necesario y acompañado de los albañiles se trasladó al lugar del suceso. Hizo el trabajo prometido, con todo esmero, colocando en su interior los restos de la Difunta", dice en libro de las antropólogas, citando ellas fuentes documentales de San Juan escritas por Ramírez y Navarro Arce.

Otras versiones mencionan al mismo hombre pero Cevallos en vez de Zeballos, y en vez de comerciante es arriero, y el ganado se dispersa por una tormenta.

Otras versiones muy diferentes, documentadas por Ablin y Fredes y rescatadas por las antropólogas, relatan que "poco tiempo después uno de ellos (un viajero de los que encontraron el cadáver de Deolinda y le dieron sepultura) volvió a pasar por el lugar, en medio del desierto, y una terrible tormenta puso en peligro su vida. El viajero se encomendó a Deolinda diciendo: 'Difunta, te prometo que si me salvas de la tormenta levantaré una cruz muy grande para tu tumba'. Cuenta la leyenda que el cielo 'se abrió'. A partir de entonces se divulgó la historia y miles de promesantes comenzaron a llegar hasta la Difunta Correa para pedirle ayuda en los momentos difíciles o frente al caso de graves contrariedades".

Otra versión dice que el primer milagro fue para uno de los arrieros que la encontraron muerta y que tenía sus manos llenas de llagas. Eran dos arrieros, Zoilo y Cirilo, quienes después encontrar a la madre muerta y a su hijo vivo, uno de ellos se fue a llevar el niño con su mujer, mientras el otro se quedó para darle sepultura al cuerpo de 'Belinda'.

"Cirilo decidió dar santa sepultura a Belinda allí mismo y mientras quedó solo, hondó una pequeña hoya natural en la tierra. Por sus enfermas manos con purulentas lacras sintió correr sudor y sangre. Ya estaba amaneciendo cuando colocó el cuerpo de la Difunta  y lo cubrió con piedras. Enorme fue su sorpresa cuando al sacudir el polvo de sus manos las encontró totalmente limpias de pústulas. Desde entonces muchos milagros hizo Dios por medio de la 'Dijunta'"

Por último, otra versión rescatada desde Córdoba, asegura que el primer milagro de la Difunta es como guía de viajeros perdidos. "... los viajeros no conocen por allí finada más milagrosa. A muchos de estos, encontrándose en el campo se les apareció con su hijita en brazos, sirviéndoles de guía hasta la primera aguada y salvándolos de una muerte segura".

Los más devotos aseguran que Deolinda cumplió en todas esas versiones generando milagros a todos lo que acudían y acuden a ella.

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