Ofrenda de dinero: la gran constante de los devotos

Los creyentes de la Difunta Correa mantienen desde siempre la costumbre de dejarle plata, no por promesa sino solo como contribución. Por Viviana Pastor
miércoles, 28 de febrero de 2018 · 10:22

Antes de que se levantara la capilla que prometió Flavio Zeballos, la gente ya acostumbraba dejarle monedas a la Difunta Correa; y, junto con las velas, es la única ofrenda que hasta el día de hoy los devotos mantienen vigente. Las flores ya no son tan comunes, incluso las botellas con agua pueden faltar en el santuario, pero la ofrenda de dinero se mantiene.

Prueba de ello la tuvo esta cronista el domingo 19 de febrero, sentada al lado de la enorme alcancía de material, ubicada al costado de la calle y justo frente la capilla más antigua: en 10 minutos, 7 promesantes se acercaron a dejar un billete.

La primera referencia de esta constumbre es de 1865, cuando se publicó el trabajo de Pedro D. Quiroga que decía: "A pocas leguas de Caucete, siguiendo al Este por el camino que se interna en una quebrada del cerro “Pie de Palo”, se encuentran a ambos lados y como cerrando el paso, dos o tres enormes masas de piedra; detrás de ellas puede ocultarse sin ser vista, una cuadrilla de salteadores, y sorprender al incauto viajero. Éste es el terrible paraje de Las Peñas. Se ha hecho proverbial por los muchos asesinatos y robos perpetrados en él. Allí se ve una cruz de madera clavada en el suelo más allá otra y otras veinte… Entre ellas sobresale una con un pequeño cofre de latón: ahí yacen los restos de una mujer, la milagrosa Correa, los viajeros tienen entera fe en sus milagros y la invocan en sus tribulaciones, y al pasar, no dejan de rezar alguna oración o de depositar en el cofre una moneda de plata".  (Nº 66, p. 222).

Reseñados en el libro Difunta Correa, de Susana Chertudi y Sara Josefina Newbery, y publicado en la Colección de Folclore, Mendoza 1921, otro relato decía: "Los devotos caminantes han construido junto a su sepultura varios nichos (que existen actualmente), donde ofrendan velas y dinero".

También en la Colección de Folclore, pero recogida en San Juan se publicó que:  "Como recuerdo a su memoria se levanta allí una cruz... en la misma cruz existe una alcancía donde los viajeros que por allí cruzan dejan sus limosnas, habiendo allí una persona encargada de guardar ese dinero, según dicen con el objeto de edificarle una capilla".

"En el lugar donde yace su cadáver le han levantado un santuario u oratorio que consiste en una pieza chica con altar al frente y en éste una caja con candado a manera de alcancía donde todo el que ofrece promesa o pasa por ahí tiene que dejar dinero. Además, en los alrededores de la capilla y a lo largo del camino hay varias cajas alcancía".

Las antropólogas señalaron en su investigación que esta costumbre de dejar monedas a la Difunta Correa tiene antecedentes en otros casos. "...en el Norte del país, en las cruces en las que se alumbra a las 'almas del camino' suele colgarse un vaso de asta para que los viajeros dejen sus limosnas y con ellas puedan encargarse misas. Hay paisanos que se aprovechan de las limosnas que les dejan y las invierten para fines no piadosos. Corre el caso de un paisano que robó el dinero para beber y lo perseguían las almas heridas que le 'cobraban' la misa..."

Hoy, casi 100 años después, las alcancías de la Difunta Correa siguen recaudando "para el oratorio", ya no monedas sino billetes.

 

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