Camioneros, principales difusores del culto a la Difuntita

Se les atribuye el hecho de haber propagado la devoción a lo largo y ancho del país. Ninguno se atreve a pasar por la ruta 141 sin entrar a saludarla. Por Viviana Pastor
martes, 20 de marzo de 2018 · 09:23

Los primeros en encontrar a Deolinda Correa muerta y a su hijo vivo mamando de su pecho fueron los arrieros, esos baqueanos que conocían mejor nadie los caminos y que transportaban el ganado y otras mercancías. Ellos fueron los primeros difusores del milagro.

Esta es la primera y más lógica vinculación de la relación entrañable entre los camioneros (arrieros actuales) y la Difunta Correa, a quienes se les atribuye, por la naturaleza de su trabajo, haber difundido el culto en todo el territorio nacional.

Pero también está el "viaje", ese que comenzó Deolinda sola con su hijo, y que la transformó en la estrella que guía a todos los que viajan, especialmente a los camioneros.

"Todos somos devotos de la Difunta Correa porque es la protectora del camionero".

"Los arrieros primero, y posteriormente los camioneros, son considerados los máximos difusores de la devoción hacia la Difunta Correa. Serían los responsables de haber levantado pequeños altares en rutas del país. Los altares presentan imágenes de la escultura de la muerta, en los cuales se dejan botellas de agua, con la supersticiosa creencia, por parte de los devotos, de que supuestamente podrán calmar la sed de la muerta. La devoción por Deolinda Correa se extendió al sur de Argentina (Provincias de Chubut y Santa Cruz) producto de la oleada de familias del norte atraídas por el auge de la industria petrolera", señala Rodolfo E. Parbst, abogado e historiador argentino.

En el libro "Símbolos y fetiches religiosos: en la construcción de la identidad", Rubén R. Dri y Diego Oscar Bocconi, señalan que los elementos del símbolo están hoy expuestos en el santuario de la Difunta Correa. "De ser una remembranza que alude a las actividades socioeconómicas del siglo XIX, a las del "transporte de ganado" propio de sectores rurales, se transformó en el símbolo de "los camioneros" pasada la mitad del siglo XX. Apropiación que concuerda con la anulación en los años '60 y posteriormente del ferrocarril tanto de carga como de pasajeros, que conectaba la zona de los alrededores de Caucete con otras provincias argentinas".

José Carlos Sarmiento es camionero desde hace 15 años. "Todos somos devotos de la Difunta Correa porque es la protectora del camionero. No hay camionero que vaya por esa ruta que no se desvíe para pasar por la Difunta", dice el hombre.

Una promesa cumplida a él mismo lo convirtió en un devoto incondicional. "Una vez estaba sin trabajo fui le prometí que cada vez que vaya yo pagaría las velas de todos los que vayan conmigo. A los dos días me llamaron de una empresa y comencé a trabajar. Desde ese día la imagen de ella viaja conmigo a donde vaya".

¿Crees en el mito que dice que si no pasas por el oratorio le pasa algo al vehículo? José ríe ante la pregunta. "Es un mito, igual por las dudas siempre paso a pedirle que me vaya bien y me acompañe para que vuelva".

El milagro más grande de Difunta Correa del que tiene conocimiento este camionero habla de una mujer perdida. "Una señora se perdió en las inmediaciones del paraje y no la podían encontrar. Un señor vio una luz en uno de los cerros que bajaba y subía y creyó que podía ser la luz mala; pero la luz insistía en dejarse ver y buscó ayuda. Se dirigieron hacia la luz y encontraron a la señora que estaba no muy lejos de las inmediaciones de la Difunta, un lugar por donde habían pasado buscando miles de veces y no habían visto nada. No sé exactamente cuánto tiempo hace que pasó esto, pero me lo contó un señor una noche en la que estábamos "cajonenado" (cargando) mi camión, el era camionero también".

José dice que ha visto oratorios en honor a Difunta Correa por todo el país, desde Santa Cruza hasta Jujuy,  "está por todos lados".

En el paraje, los camioneros tienen una pieza especial donde dejan a la Difuntita sus ofrendas.

 

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