Las alcancías solidarias que dejaron de existir en la Difunta Correa

Según los relatos, había una alcancía de donde la gente podía tomar dinero prestado ante una necesidad extrema y devolverlo con creces. Por Viviana Pastor
lunes, 02 de abril de 2018 · 12:00

Dicen que no está bueno repetir que "todo tiempo pasado fue mejor". Es que la frase implica una involución de la sociedad, y por lo tanto de las personas. Sin embargo, algunas costumbres perdidas nos remiten a un pasado diferente, donde la palabra dada existía y donde la conciencia pesaba.

En las décadas anteriores al '50 existía en el paraje Difunta Correa una alcancía de la cual estaba permitido extraer dinero para situaciones extremas, el que sería devuelto apenas superado el trance y con creces. Con el paso del tiempo, las escasa o nula devolución de esos fondos hizo que la administración del paraje pusiera seguridad a todas las alcancías del lugar.

"Si se lleva o se toma en préstamo, por promesa o necesidad alguna cosa (dinero u objetos) del santuario, debe cumplirse el compromiso de devolución; si así no se hace, habrá un castigo".

Las antropólogas Susana Chertudi y Sara Newbery realizaron la primera investigación científica de la leyenda y sus implicancias sociológicas que dejaron plasmadas en el libro "La Difunta Correa", publicado en 1978. En él señalaron: "Prescripción: Si se lleva o se toma en préstamo, por promesa o necesidad alguna cosa (dinero u objetos) del santuario, debe cumplirse el compromiso de devolución; si así no se hace, habrá un castigo.

Pichetto nos ilustra acerca de estos préstamos hechos por la Difunta, con castigo por incumplimiento: 'Se dice que hasta no hace mucho tiempo su alcancía estaba abierta para todos los que tenían necesidades imperiosas, siempre que honradamente repusieran los valores retirados. Refiérase que un arriero cierta vez retiró una cantidad de dinero para completar el pago de una hacienda adquirida, teniendo el más honrado propósito de devolverla. Felizmente negoció su arreo en Chile y de vuelta compró más ganado, olvidándose de la deuda sagrada. Los precipicios de la cordillera dieron cuenta de éste último arreo, arruinándose el arriero mal pagador. Lo que en buen romance quiere decir: si la Difunta Correa sabe prodigar el bien para quienes lo necesitan, sabe fustigar la maldad de quienes se apartan del camino del deber'.

Muchos vestidos de novia se han prestado en el paraje, de devotas que cumplían alguna promesa relacionada al matrimonio y dejaban su vestido con la intención que podía ser prestado y devuelto a la santa.

Pero la costumbre de tomar prestado dinero de las arcas de Deolinda pasó a ser sólo un capítulo de la historia de ese lugar mágico.

 

Comentarios