Difunta Correa, devoción investigada en Estados Unidos

Un experto en temas religiosos latinoamericanos, Frank Graziano, dedicó a la santa popular un capítulo entero de su libro Cultures of Devotion. Por Viviana Pastor
domingo, 29 de abril de 2018 · 11:00

Amor de madre podría llamarse el capítulo que Frank Graziano le dedicó a la devoción de la Difunta Correa en su libro Cultures of Devotion: Folk Saints of Spanish America o Culturas de la Devoción: Santos populares de Hispanoamérica, publicado en noviembre de 2006. Es que Graziano, un experto en temas religiosos latinoamericanos, analizó minuciosamente la relación entre la figura de la madre, Deolinda, con otras madres destacadas, y también con el hecho de amamantar.

Graziano, nacido en Nueva York, con una Maestría en Bellas Artes (University of Iowa); y un doctorado en Filosofía en Estudios Latinoamericanos (Universidad de Nuevo México), escribió sobre una variedad extraordinariamente amplia de temas en la cultura latinoamericana.

En el capítulo dedicado a la Difunta Correa, Graziano comienza contando la historia de Deolinda Correa, la versión más afianzada en la provincia, la que asegura que nació en San Juan.

"Normalmente los devotos saben poco sobre la vida de la Difunta Correa, pero casi todos conocen que después de su muerte alimentó con su pecho a su bebé. Este hito post mórtem sugiere una maternidad eterna, un amor más allá de la muerte que la Difunta Correa extiende ahora hacia sus devotos. Incluso tras la fatal deshidratación, su cuerpo transformó la ausencia de agua en una plenitud de leche. Con su ayuda, por lo tanto, se puede (incluso desde la nada, desde el agotamiento personal y económico) adquirir los medios para resistir en un mundo tan inhóspito como es un desierto. Al igual que su hijo pequeño que se alimentó del cuerpo fallecido de su madre, los devotos sobreviven con la nutrición que la Difunta Correa proporciona para sus hijos espirituales. Ella es la quintaesencia de la madre y, como la Virgen María, casi una deificación de la maternidad. En sus placas y rezos, los devotos la nombran repetidas veces «madre de aquellos que sufren», «madre de aquellos que lloran», y «protectora de los desamparados que sufren y lloran». El pecho de la Difunta Correa, que da vida y que salva vidas, está precedido por una larga tradición de deidades maternales que se remontan al Paleolítico. Como la Difunta Correa y otras protagonistas maternas del folclore internacional, estas madres divinizadas proporcionan un auxilio que nutre, rescata y alivia. A través del alimento más básico (la leche) los atributos de la diosa se transfieren a los humanos (normalmente enfermos) en finos torrentes de blancura purificante. Las diosas trascendentalizan la capacidad milagrosa del cuerpo femenino para mantener la vida que produce. La leche como esencia de la maternidad se transforma en una sustancia sobrenatural que nutre el cuerpo y el alma".

Frank Graziano

"La Difunta Correa proporciona un ejemplo a seguir, particularmente para las madres que luchan por la supervivencia de sus propios hijos".

Luego vinculará la leyenda de la Difunta con otras de diversas culturas como la diosa madre egipcia Isis; la loba que amamantó y salvó la vida de Rómulo y Remo, a quienes se atribuye la fundación de Roma; y finalmente, con la Virgen María, del culto Católico.

"El culto a la leche de la Virgen María estaba muy extendido en la Europa tardomedieval. Haciendo énfasis en los atributos maternales de la Virgen, se entremezcló libremente con representaciones de la propia Iglesia como nodriza... La culminación de tales ideas llegó en 1964, cuando la supremacía maternal de María se dogmatizó en un nuevo título: «La Madre de la Iglesia».

Posteriormente señala que la historia de la Difunta Correa proporciona un ejemplo a seguir, "particularmente para las madres que luchan por la supervivencia de sus propios hijos. Buscan una ayuda sobrenatural (como hizo la Difunta Correa) porque sus recursos mundanos están agotados. Sin embargo, esta búsqueda de alivio (casi una rendición) puede volverse contra ellas inesperadamente como una carga aumentada, porque su insuficiencia está implícita silenciosamente en la comparación con su santa. En las interpretaciones patriarcales, el acento recae en gran medida en la imitación del autosacrificio de la Difunta Correa: «La madre renuncia incluso a su vida para que su hijo pueda vivir»".

Para el investigador, esta idea poco tiene que ver con la historia o con el mito de la Difunta Correa ya que ésta muere de sed y cansancio, no para salvar a su hijo. "Pero el mensaje de la maternidad hasta la muerte se expresa, no obstante, a las devotas. Se recibe casi como un mandato, particularmente en el contexto de la maternidad tradicional, exaltada, ya sea de manera religiosa (la Virgen), política (las Madres de la Plaza de Mayo) o politicorreligiosa (Evita Perón, como primera dama y santa popular). Todas estas figuras altamente simbólicas expresan la maternidad a través de la sufrida dedicación de sus vidas a sus hijos literal o figuradamente".

"Ella es la quintaesencia de la madre y, como la Virgen María, casi una deificación de la maternidad".

Los párrafos de Graziano no tienen desperdicio en el análisis mítico, social y religioso. "... los mitos y giros tienden a remarcar el marianismo de la Difunta Correa como un legado a sus devotas. Como la propia Virgen María, ella «es el emblema de la mujer común, el ama de casa, la esposa, la madre, la hija, y a través de su humildad nos dejó su ejemplo y enseñanzas». Los ejemplares celestiales son al mismo tiempo ordinarios y extraordinarios. Son como el resto de mujeres, por lo que otras también pueden ser como ellas, pero al mismo tiempo son capaces de realizar proezas sobrenaturales (dar a luz siendo virgen, dar el pecho después de la muerte) fuera del alcance de otras mujeres".

Pero el neoyorquino no se quedó en la relación de la "madre", también analizó los espacios, el lugar del culto, la iconografía, los colores, los rituales, los promesantes, incluso la relación con la iglesia Católica, nada escapó a su ojo analítico y respetuoso.

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