La Difunta, salvadora de un grupo de japoneses... en el Aconcagua!

Fue en 1953 cuando un grupo de estudiantes universitarios nipones casi muere en la montaña. Prometieron a la Difuntita y cumplieron.
lunes, 09 de abril de 2018 · 09:28

La placa de bronce no deja lugar a dudas. No era un cuento ni una leyenda. Pegada en la pared Norte, en medio de cientos de placas de agradecimiento, estaba la de los japoneses.

"En homenaje a los eternos camaradas de la montaña. Expedición al Aconcagua de la Universidad de Waseda. Tokio, Japón, enero de 1953". Al costado derecho de esta inscripción, una frase en japonés y a la derecha, una pluma, quizás para simbolizar lo delicada que es la vida.

Fue llevada al oratorio por un grupo de japoneses que fueron salvados de morir en el Aconcagua por la Difunta Correa. La historia la saben muy pocos, los más viejos del paraje; ratificada por algunos aportes de menciones encontradas en internet sobre esa primera gran escalada en grupo de japoneses al gran macizo americano.

"Dicen que este grupo de japoneses subió al Aconcagua cuando de repente comenzó a soplar un viento blanco que parecía querer arrancar el macizo de raíz. El frío se hizo insoportable y se quedaron sin poner moverse. Cuando el viento amainó, todo el paisaje había cambiado y los accesos no existían. Estaban perdidos. El guía mendocino, devoto de la Difunta Correa, les dijo: 'acá lo único que nos puede salvar es un milagro. Vamos a pedirle a la Difuntita que ella nos guíe, porque ella es una luz para los que pierden el rumbo. Pero si nos salvamos tenemos que prometer llevarle algo a cambio', les dijo el mendocino cuyo nombre nadie recuerda", contó Agustín Salvatierra, uno de los primeros comerciantes del paraje.

El grupo estaba formado en su mayoría por estudiantes de la Universidad Waseda (早稲田大学 ) conocida también como Soudai (早大), una de las mejores y más prestigiosas universidades privadas de Japón. Aspiraban a llegar a la cima con la mayor cantidad de japoneses.

El final estaba adelantado, lograron bajar, salvarse, y cumplir con la promesa realizada a la santa protectora de los caminantes de caminos "visibles e invisibles".

En la página web de la Universidad de Waseda reseñan: "Kichiro Sekine formó un equipo de expedición para su investigación incluso antes de que se permita el viaje al extranjero en el Japón de la posguerra. Es conocido por llevar a cabo actividades de expedición e investigación mientras planifica la creación de una unidad de investigación en el extranjero para la Universidad de Waseda. Fue el primer japonés en subir al Aconcagua (la montaña más alta del sur de América) en 1953".

Seguramente, alguno de esos japoneses, luego de su paso por el oratorio, llevaría hasta su país la imagen de la santa sanjuanina a la que debe haber presentado como su salvadora.

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