Historias del crimen

Dos viejos asaltantes, un raid delictivo, un crimen y el fin de sus carreras criminales

Un asalto perpetrado en agosto de 2002 terminó con el asesinato de un remisero. Eso selló el destino de dos veteranos ladrones, dueños de frondosos prontuarios. Por Walter Vilca
domingo, 18 de agosto de 2019 · 17:00

Uno tenía 56 años y cargaba varias condenas, la última por homicidio. El otro 62 años, siete condenas en su espalda y no hacía mucho que había salido de la cárcel. Dos viejos y pesos pesados de la delincuencia que venían de un raid delictivo durante meses y que una tarde de agosto de 2002 salieron a dar otros de sus golpes. Pudo ser un trámite para ellos, un atraco más contra un comercio de la capital sanjuanina y lo único que obtuvieron fue un verdadero fiasco con un asesinato que no estaba en sus planes, una persecución cinematográfica y un frustrado escape que marcó el ocaso de sus carreras criminales.

Pasaron 17 años de aquel violento atraco al local de Alonso Sport que terminó con el crimen del remisero Javier Germán Pérez en Concepción, Capital, y con las detenciones de esos peligrosos asaltantes con caras de abuelos llamados Juan Domingo Alberto López Sánchez (56) y Pedro Eugenio Kuk (62).

Ninguno de ellos era sanjuanino. López Sánchez venía de Buenos Aires y contaba con un largo prontuario, entre ellos una condena por asesinato en Mendoza, según la Policía. Kuk era nacido en Corrientes y pasó gran parte de su vida en Buenos Aires, de ahí el apodo de “El Porteño, aunque las últimas décadas estuvo radicado en San Juan. Sus antecedentes son su curriculum en la provincia. Los registros penitenciarios indican que desde 1995 a 2002 tuvo cinco ingresos al penal de Chimbas, todos por delitos de robo. Su última condena la recibió en 1999 y fue de 7 años de cárcel. Recuperó la libertad en mayo de 2002 y no tardó en volver a su viejo oficio de bandido. López Sánchez y Kuk de algún lugar se conocían, quizás de la vida carcelaria, y se reencontraron ese año para fundir sus historias en lo que sería el penoso y último gran acto de ambos.

Juan Domingo López Sánchez

Su violento derrotero

El que largó primero en ese raid delictivo fue Juan Domingo Alberto López Sánchez. El petizo de las canas y nariz torcida –seguramente la marca de alguna pelea- salió la mañana del 19 de abril de 2002 en compañía de otro delincuente y tomó por asalto la financiera Finantur en calle Rivadavia, cerca de España, en el centro sanjuanino. A punta de pistola redujeron al encargado y a otro empleado y se alzaron con 7.500 dólares, 1.500 bonos Lecop y 500 pesos.

Kuk, por su lado, hizo demostración de lo suyo el 14 de agosto de ese año cuando, con un cómplice, entró al Mercado Maira en calle Coll del barrio ATSA, Rivadavia, y con un arma en la mano arrinconó al dueño. Robaron 60 pesos y un costillar de vaca, para después huir en un auto Fiat 147. Al otro día nomás, el 15 de agosto, López Sánchez y “El Porteño” Kuk salieron juntos y pegaron otro asalto contra la chacharita de avenida Benavidez al 1996 Oeste, en Capital. Allí atacaron al dueño, le sacaron 3.000 pesos y fugaron otra vez en ese 147. Sospechan que antes de esto, ambos cometieron otros atracos los cuales no se los pudieron probar.

De lo que sí hay certeza es que el particular dúo de asaltantes salió con un tal Peñaloza en un Ford Falcón la tarde del 20 de agosto de ese año y sin pretenderlo escribieron a sangre y fuego su última función. Fue alrededor de las 17.30. Los dos veteranos asaltantes irrumpieron en el antiguo local de Alonso Sport de la esquina de General Acha y Maipú y amenazaron con armas de fuego y un cuchillo al dueño y a dos empleados.

Pedro Eugenio Kuk.

Los viejos metían miedo en serio. Kuk le rompió la nariz a una de sus víctimas y obligó a todos a quedarse quietos. Tomaron algo de dinero y un bolso en el que cargaron un revólver, una cámara de fotos y prendas deportivas. El plan parecía salir a la perfección pero sobre la marcha se descompaginó cuando una empleada alcanzó a pedir ayuda y sorpresivamente llegó otro empleado, que intentó enfrentar a los ladrones. Kuk no dudó en pararlo en seco apuntándole con el arma y con el dedo a punto de jalar el gatillo mientras que López Sánchez le decía: "este es mocho, hay que quemarlo…" Nada de eso sucedió, “El Porteño” encerró en el baño al fugaz héroe devenido en rehén y de un grito ordenó la retirada a su cómplice. Temía que llegara la Policía, tenían que escapar.

Cuando salieron a la calle ya no estaba el otro colaborador, el tal Peñaloza, que hacía de apoyo externo y que supuestamente debía aguardarlos en el auto Ford Falcón para emprender la fuga. Al parecer, éste se asustó al ver el alboroto de los vecinos que se dieron cuenta que estaban asaltando el negocio y optó por irse antes de tiempo, dejando a la deriva a sus compañeros.

Sin saber para dónde tomar, Kuk y López Sánchez encararon al remisero Javier Germán Pérez (29) que justo tuvo la mala suerte de parar su Peugeot 504 a un costado de calle Maipú. De prepo abrieron las puertas del auto y subieron, a todo eso el chofer se percató que eran asaltantes y sacó su pequeño revólver. Sólo hizo el amague. López Sánchez le respondió con dos disparos a quemarropa con un revólver calibre 38: uno de los tiros le impactó en el rostro y el otro en el pecho, suficiente para que el remisero quedara inmóvil y ensangrentado en su asiento.

La situación se desmadró para los dos ladrones, que obligados abandonaron el coche. Cada uno salió corriendo en distintas direcciones. López Sánchez enfiló por calle General Acha y en el camino se trepó a la combi Ford Transit de Luis Godoy, lo amenazó y se sentó a su lado para luego ordenarle que acelerara. A la altura de calle Chile, el vehículo chocó. El delincuente obligó bajar a Godoy y se puso al volante para escapar hacia la zona Oeste. Un policía ya lo seguía. La persecución se extendió hasta la calle Cortínez, cerca de Salta, donde asaltante se dio por vencido y abandonó el rodado. En ese lugar fue apresado por el uniformado, que también encontró el revólver calibre 38 con el que había asesinado al remisero Pérez.

Lejos de ahí, Kuk huía a pie. En su alocada fuga, abordó el remis Volkswagen Senda de Carlos Espejo y con el arma apuntándole le dijo que partiera rápidamente en dirección al Sur. Ese viaje acabó en las calles Mendoza y El Cano, en Rawson. El viejo ladrón descendió y continuó su escapatoria. El remisero arrancó de nuevo, pero al poco andar se cruzó con una patrulla policial y les contó lo sucedido con ese desconocido. De hecho, regresó con los policías al lugar donde dejó a Kuk, que en esos momentos procuraba tomar otro remiso cuando fue rodeado por los uniformados. Consigo llevaba un revolver calibre 38 y otro calibre 22.

Su última parada

El furioso periplo de los veteranos asaltantes llegaba a su fin. Su sangrienta odisea terminaba con ellos dos presos, con un verdadero caos detrás de sus pasos y el trágico saldo del asesinato del chofer Javier Pérez. Sus extensas carreras criminales también hacían su última parada esa tarde de agosto.

Juan Domingo Alberto López Sánchez, con 58 años, y Pedro Eugenio Kuk, con 64, se sentaron en el banquillo de los acusados de la Sala II de la Cámara en lo Penal y Correccional en agosto de 2004. Las audiencias fueron largas, como las acusaciones contra ellos. El miércoles 18 de ese mes, los jueces Juan Carlos Peluc, Félix Herrero Martín y Ernesto Kerman sellaron los destinos de los dos viejos asaltantes. A López Sánchez lo condenaron a reclusión perpetua por los delitos de robo (tres hechos), privación ilegítima de la libertad y homicidio criminis causa en perjuicio del remisero Pérez y privación ilegítima de la libertad por el ataque al dueño de la combi. Kuk se salvó de que lo sentenciaran por la muerte del remisero, pero le dieron 15 años de cárcel por los tres robos que cometió y la privación ilegítima de la libertad del ahora fallecido y del otro remisero al que llevó a la fuerza durante su fuga.

El fallo judicial marcó el ocaso de estos dos viejos delincuentes, hoy casi olvidados. Kuk, el casi anciano al que todos los presos respetaban, no salió jamás de los muros del penal de Chimbas. Una mañana del 2007 lo encontraron dormido para siempre en la cama de su celda. Su fallecimiento fue tan repentino como inesperado para un hombre de armas llevar que vivió siempre jugando con la muerte. De López Sánchez se sabe poco. Fuentes de la cárcel afirman que luego de algunos años de encierro, el reo fue trasladado al penal de otra provincia en razón de que no era sanjuanino.

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